El concepto de “Plan B”

Creatividad es una palabra que despierta fantasías. Es una palabra grande e imprecisa que, por decirlo de alguna manera, promete. La creatividad promete algo bueno, pero no aclara bien qué es. Y entonces pasa lo que pasa con las promesas incumplidas: se transforman en frustración.

Recuerdo haber escuchado en un curso sobre creatividad algo así como que “cada uno de nosotros posee la chispa de la creatividad, sólo debemos encontrarla, y luego encenderla”.

Y eso fue todo. Así nomás. Sin una explicación adjunta sobre qué es exactamente esa chispa o cómo se enciende, se pasó de página. Sólo se limitó al tipo de afirmaciones –odiosas afirmaciones- que desnaturaliza a las palabras, que las esteriliza, volviéndolas incapaces de tender puentes entre los conceptos que representan.

Existen toda clase de vocablos New Age del estilo Energía Divina o Poder Creativo que están mal asociados, arbitrariamente asociados, a la creatividad, y que atentan contra la racionalidad del concepto. No porque lo arbitrario sea malo. No, lo malo es no avisar. Es no ser capaz de dejar claro que “esta es mi experiencia, para mí la creatividad se enciende por arte de magia, pero no descarto que también sea una competencia que se pueda entrenar”.

En cambio, la sensación que queda cuando el concepto se aborda desde el pensamiento mágico, es que “todos poseemos la chispa de la creatividad, y el que no la enciende es porque no quiere. Que se joda.”

Ante estímulos de esta naturaleza, casi por reflejo, nos inunda esa horrible sensación de vacío, de estar uno perdiéndose vaya a saber qué cosa, pero que seguro es mejor tener encendida que extraviada en algún lugar del cuerpo. Lo que se enciende, decía, es la frustración.

En algún momento voy a unificar todo lo escrito sobre creatividad, ya que pertenece a una misma línea de argumentación. Pero a riesgo de contradecirme con este post, creo que la creatividad también tiene un componente que puede confundirse con algo místico, como de fe, y que por ahí viene la confusión.

De alguna extraña manera la creatividad implica creer. Creer que se puede hallar una respuesta diferente, una respuesta novedosa ante el problema planteado. Es una creencia razonada, una actitud de apertura, un estado de ánimo positivo (¡ya estamos bordeando el New Age!), una predisposición interior a encontrar respuestas.

Porque si no creemos que encontrar esa respuesta es posible, si no dejamos una puerta abierta al cambio, a una nueva alternativa, ¿cómo la vamos a encontrar? Y alguien puede decir:

Alguien:

– Martín, pero si pierdo las llaves, no importa lo que crea, o las encuentro o no las encuentro. Puedo estar deprimido, mirando televisión y tomando helado en la cama, y justo cuando me doy vuelta, me clavo las llaves en la espalda. Y no necesité de ningún estado de ánimo especial. Las llaves estaban ahí, y punto.

Bueno, tampoco voy a discutir con gente necia o que no piensa como yo :-) Ahora en serio, acá entramos en el terreno de las opiniones y de la neurociencia. Y como de neurociencia no sé casi nada, me limito a dejar mi opinión:

Yo:

– La creatividad es más fácil cuando tenemos la cabeza limpia y el corazón contento. No digo que sea el único camino, digo que es un camino más pleno, más alegre, y sobre todo, más efectivo.

Tal vez sea un razonamiento poco riguroso, pero si de algo doy fe -y no hace falta ser ningún genio para darse cuenta, todos debemos tener ejemplos personales y profesionales a mano- es que para que algo que parecía improbable ocurriese, fue más fácil cuando creí que (con o sin razón, con pocas o muchas posibilidades) el asunto iba a ser posible.

Es falso, absolutamente falso, que el universo conspire para que ocurran nuestros caprichos, como dice el saber popular. Pero es cierto, absolutamente cierto, que si alguien se obsesiona con algo tiene más posibilidades de conseguirlo que quien lo intenta desapasionadamente.

Después, podemos atribuir el resultado al universo o a lo que se nos ocurra, pero es mejor eliminar la sensación de que si tal vez, si nos hubiéramos esforzado un poco más, o como se dice, si lo hubiéramos intentado con el alma, hubiésemos logrado mejores resultados.

Tampoco es un razonamiento riguroso, pero siempre me acuerdo de la respuesta que dio Charly García cuando le preguntaron sobre cómo había llegado a ser el músico que era. Su respuesta fue directa:

– “Nunca tuve un Plan B”, dijo.

Me impactó la frase porque yo era más joven, pero sobre todo, porque estaba cargada de fe. Era la música o nada. Y eso es lo mismo que hacemos cuando encontramos una nueva solución para un viejo problema.

Primero dudamos del Statu quo. Y luego dejamos de pensar que no se puede.

La creatividad toma forma cuando dejamos de confiar en el Plan B.

Por Martín Fernandez. CEO & General Creative Director of Whycomm Internal Communications.

Vía www.internalcomms.com

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