Lovemarks: El posicionamiento ya no está en la mente del consumidor, sino en su corazón

¿Conoces alguna marca que te haga vibrar y sientes que no puedes vivir sin ella?Eso es una Lovemark, una marca que logró posicionarse en ti, pero no mediante el típico posicionamiento en tu cabeza, sino que en tu corazón.

En esta nota vamos a intentar comprobar la premisa de que una Lovemark es el verdadero valor de una marca, aquella que una vez ahí, probablemente no la puedas dejar porque llega tan profundo dentro de ti, de tus emociones, sentimientos y razones, que no la dejarás irse jamás.

Lo anterior nos cambia el paradigma de que una marca debe luchar constantemente para mantener su posicionamiento. Por el contrario, nos dice que una vez que lo adquiere, será el propio consumidor quien no pueda olvidarla.

Para poder entender cómo una marca logra llegar a transformarse en Lovemark, hay que entender qué es el valor subjetivo. Se refiere a la capacidad que tiene una empresa de usar connotaciones asociadas a su imagen para influir en el comportamiento de los clientes. Y que se hace extremadamente importante para empresas que no pueden diferenciarse por el valor objetivo, es decir, no tienen diferenciación clara y probablemente han caído en la categoría de los commodities.

Ahora, ¿cómo una marca puede aumentar su valor subjetivo? Fácil, puede ser haciéndose conocida, posicionándose, o debido a sus valores intrínsecos:

Para aumentar el conocimiento de las marcas, tenemos ciertos instrumentos, tales como: publicidad en medios, marketing directo, consumidor a empresa, promociones de venta y relaciones públicas.

Si vamos a crear posicionamiento podemos utilizar estrategias creativas en medios o mediante la elección de medios específicos; tal vez por el nombre o alianzas de la marca, por el empaque y la publicidad en puntos de venta o mediante la ubicación geográfica y las estrategias de distribución.
Por último, lo que refiere a los valores de la marca, aquello últimamente más utilizado como estrategia para generar valor, quizás por su efectividad o dificultad para copiarlo: Auspicio de eventos públicos, aportes a la comunidad, política de privacidad, ética en las prácticas de trabajo o buenas garantías.

Sea cual sea el camino que elijamos, requiere un trabajo de posicionamiento claro, con una estrategia conocida y un objetivo determinado. Además de la utilización de tecnología, aceptación pública y una comunicación masiva en tiempo real.

Podemos ver que muchas veces este valor subjetivo de las marcas puede dominar el patrimonio debido a sus clientes, tales son el caso de Coca-Cola, Microsoft, IBM, General Electrics, Intel, Nokia, Toyota, Disney, McDonald’s y Mercedes Benz; cuyos valores de marca ascienden por sobre lo que muchos podríamos pensar en llegar a ganar durante toda nuestra vida, con ceros que casi no podemos contar. Y esto es un valor, que en definitiva, ha entregado el propio consumidor.

¿Qué nos entrega un valor de marca? Diferenciación, algo que todos queremos lograr y muy es difícil de explicar, aquello que entrega unicicidad a la marca. ¿Cómo? Captando la atención del consumidor, para que aumente el valor subjetivo y el patrimonio entregado por los consumidores y finalmente lo más difícil, enamorándolo. Y así generando una Lovemark.

¿Como logramos este impacto entonces? Llamando la atención: “Las mujeres llevan ropa que les hace sentirse bien y tener un aire sexy. A las mujeres les encanta provocar. Y a los hombres les encanta que les provoquen. Sentirte sexy es saber que estas viva”. Así define Mary Quant, modista británica, a este “llamar la atención”.

Ahora que podemos entender que esta diferenciación se la entregará el mismo consumidor, la pregunta es ¿cómo lograrlo? Entregándole lo que él quiere y cuándo él desee. Así lograremos captar su atención y seducirle, incluso hasta enamorarle.

¿Porqué es tan importante la emoción? Tenemos el caso de Phineas Gage, un trabajador que tras un accidente sufre un daño en el lóbulo pre-frontal del cerebro, específicamente donde se dan las emociones. Si bien queda vivo y aparentemente sin secuelas, con el tiempo, todo le empieza a salir mal. Lógico, tras este suceso, perdió la capacidad de emocionarse y empezó a actuar ciento por ciento racional. Lo mismo ocurre en el caso de las lobotomías. Estudios científicos han llegado a la conclusión que lo que realmente mueve a los seres humanos y permite un correcto actuar es su capacidad de emocionarse. De ahí su importancia.

Entonces, ¿qué es una Lovemark? ¿una marca amada? Tal vez, lo importante es que es una marca valorada y de la que el consumidor no podrá alejarse jamás. Aquella que despierta sus sentimientos, provoca intriga, entusiasmo, suspenso, aprecio, deseabilidad, valor, etc. Aquella que genera experiencias, un servicio, me entusiasma y me es útil. Aquella de la que tengo un conocimiento y una posición, pero no en mi cabeza, sino, como decíamos en un comienzo, en mi corazón.

(Via Theslogan Magazine – Noticias sobre Marketing, Marcas, Publicidad y Social Media.)

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